La formación del Eneatipo (ego) como estrategia de supervivencia

Todo son suposiciones, posibilidades, ideas, hipótesis… que buscamos y mantenemos, pues los seres humanos tenemos como característica la necesidad de entender, conocer, comprender…
Esto nos hace crecer y evolucionar aunque a veces se convierte en un lastre o una trampa, pues hay ALGO que no puede ser entendido, ni comprendido, ni aprehendido… como mucho podrá ser trascendido; así que la búsqueda, como tal, está enfocada sino al fracaso, a una frustración bastante continua.

Y es que el Misterio forma parte de nosotros, de nuestra vida y del Universo, pues es más grande que nuestra mente.

El Misterio como La Esencia: Aquello de donde y de lo que venimos; lo que también es el final del camino e, incluso,;  el camino en sí.

Y esto es tan confuso como profundo,  lo  que  aumenta  nuestra  curiosidad.

En este punto, en el reconocimiento de esa cualidad racional-humana de comprensión es dónde quiero poner el foco de estas palabras: la propia necesidad y el acto de cubrirla es el comienzo de nuestra estructura egóica; es como una reacción causa-efecto, en la que la causa es la vivencia de separación y el efecto instantáneo la creación de la estructura egóica.

Dicho de otra forma: nuestra Alma-individual (por llamar así a lo que Es y Se vive en nosotros, a través de nuestra experiencia humana) no necesita entender sino vivir, experimentar, sentir; sin embargo a nuestra mente no le parece  así,  sino que interpreta que es una manifestación suya este anhelo de encontrar el sentido de la vida.

Este punto de discordia provoca una división interior: una parte de nosotros se mantiene en la vida inconsciente (condicionada por la incapacidad de sostener esa vivencia-sensación, aunque realmente no fue así) y la otra espera a que desarrollemos la Presencia / Conciencia suficiente para MIRAR y comprobar que nunca hemos dejado de Ser, de Pertenecer.

Si tomamos como referencia la idea que desarrollo en el libro ‘El Eneagrama, el Origen’, es el impacto del espermatozoide en el óvulo el que  hace que nos cerremos; podríamos pensar que es inherente a la experiencia humana la sensación de separación.  Es en ese momento cuando nos experimentados como algo separado, y es entonces cuando empezamos a sentir miedo.

La experiencia de pasar del Todo al ser humano la vivimos como una amenaza; en consecuencia nos cerramos, para no sentir el peligro y nuestra vida se convierte en la huida de ese momento. Desde ahí la visión de la realidad es distorsionada, pues creemos que nuestra Alma se ha quedado fuera, lo que genera la necesidad de CREAR-NOS, nos parece que hemos perdido algo esencial.

Y como solución elaboramos una compleja estructura que tiene como objetivo protegernos, para que no volvamos a sentir la separación y el vacío que lo acompaña.

Este mecanismo es el primer esbozo de la estructura protectora, es el comienzo del ego, del Eneatipo.

No importa mucho si es así o no, es solo una posibilidad para comprender que vivimos condicionados por nuestro ego, casi siempre inconscientemente; incluso si lo sospechamos preferimos no indagar mucho, pues es inquietante acercarnos a sus comienzos.

Pero antes o después, el propio proceso de crecimiento personal nos sitúa frente a nuestras limitaciones, condicionamientos, miedos, trampas… si tenemos recursos podremos arriesgarnos a mirar esa estructura e interesarnos por ella: ¿para que sirve? ¿cuándo se activa? ¿que me aporta?… 

Sin embargo, el ego no es nuestro enemigo, simplemente ‘se ha tomado demasiado en serio su papel protector, impidiéndonos mirar el momento en que se generó; es esta dinámica la que perpetúa la sensación de separación, de carencia.

El EGO o ENEATIPO es la manera que hemos desarrollado (todos los seres humanos, cada uno según sus circunstancias, sistema familiar, condicionamientos biológicos, genéticos…) de protegernos de la vivencia de pasar del Todo a la dualidad; de lo Eterno a lo temporal, de lo Pleno a lo limitado.

¿Y, si es así, que hacemos?
Nada que sea agresivo, exigente, impositivo, o cualquier adjetivo que implique ir contra él; pues ese método no es más que otra estrategia para mejorarlo, lo que suena a más de lo mismo: mostrar sólo algunos aspectos personales más adecuados.

Porque el ego no se forma arbitrariamente, ni al azar; tiene la prioridad de desarrollar los aspectos personales que, desde nuestra inconsciencia, creemos que van a ser mejor recibidos, que van a darnos la mirada validadora y, sobretodo, amorosa de los demás.

La vivencia de separación y la de carencia son instantáneas; es decir, la carencia es la manifestación de la separación. En realidad es igual para todos los seres humanos, básicamente la ausencia del Amor Incondicional. Después, según el Eneagrama,  cada uno de los 9 eneatipos la experimenta de una forma concreta, con un matiz diferente.

Estamos hablando de la Herida  básica y su miedo correspondiente y como, para evitarlo, desarrollará cada uno una estrategia determinada, con la ilusión de conseguir lo deseado, ser amados.

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Conocerlo, comprenderlo, identificar cuándo se activa y porqué o para qué; descubrir sus dinámicas es poder tomar conciencia de que miedo/miedos intenta sofocar; observar lo reactivo que es, para suavizarlo; acompañarlo hasta que lo identifiquemos cada vez que actúa…

Entonces quizás podemos despegarnos un poco de él y sentir lo que pasa, sosteniendo desde nuestra parte adulta a nuestro niño interior. No olvidemos que dejar la estructura es dejar la zona de confort, y eso inquieta.

Cuando se afloja, cuando se suaviza, volvemos a entrar en contacto con la vivencia de separación. No es algo así tal cual, es mucho más sutil: una inquietud, una incomodidad, un cierto miedo o ansiedad… sutil aunque potente; es la vivencia de la carencia, el recuerdo del impacto que nos separó (por un instante) del Todo, es el vacío, el Nada… que aparece en cada uno como el núcleo de su eneatipo.

Es sólo un recuerdo, pero parece tan real que preferimos volver a estructurarnos y hacer como que nada; mejor dicho, hacemos todo lo que hemos ido aprendiendo desde el principio para conseguir no sentir esa sensación, todas las estrategias de nuestra forma de ser (con minúscula ser, que no con mayúscula): nos identificamos con nuestro eneatipo. 

Es por esto que nuestra estructura egóica, nuestro ego, nuestro eneatipo es TAN importante para nosotros, pues nos ayuda a no sentirla. Y por eso el auto-conocimiento es el mapa de nuestro laberinto,  la cotidianidad inconsciente.