LA BÚSQUEDA DEL PARAÍSO

Cuando pensamos en un “paraíso” probablemente nuestra mente imagina un lugar idílico, maravillo, con diferentes aspectos, según los gustos de cada uno, en el que ya, por fin, “seremos felices”. Quizás también, debido a nuestra cultura religiosa, añadimos a este concepto un cierto “toque” de premio, de “vuelta a Casa”, de “descanso eterno”.

burbujaNuestra vida se convierte en una búsqueda continua, en un anhelo que nos pone en marcha para encontrarlo, para poder descansar, para ser felices… nos olvidamos de vivir lo que hay y soñamos e imaginamos cómo será, cómo cambiará nuestra vida cuando lo encontremos.

Incluso si lo vemos como algo “imposible” de lograr, lo “aplazamos” para cuando muramos; lo convertimos en un sueño “atemporal”.

Es quizás  por nuestra cultura judeo-cristiana o por la propia “evolución humana”, o por ambas cosas, que creemos (con conciencia sobre esto o sin ella, da igual) que tenemos que hacer algo, que cambiar algo, que conseguir algo…. para estar bien; un “algo” que, por supuesto, se encuentra fuera de nosotros y que es casi inalcanzable. Visto de esta manera, y sin atreverme a profundizar mucho ahí, es el típico movimiento “infantil e ingenuo” de pensar que soy yo el responsable o culpable de que las cosas no sean como deberían de ser y que, por tanto, tengo que cambiar algo en mí, en mi conducta, para que vuelvan a ser como eran, o, mas duro todavía, para que “el otro” me de lo que necesito

Hemos aprendido a “sacar fuera” lo que hay dentro; a proyectar nuestro interior, a “dar el poder” a otro…. y seguimos haciéndolo, en mayor  o menor medida.  Seguimos pensando que el Paraíso es algo que se puede encontrar, o conseguir, o ganar… y cada vez más, nos alejamos de él…. pero no, el Paraíso no es un lugar, ni siquiera es “algo”… es SÓLO una idea; una idea que se ha convertido, a menudo, en una trampa que nos aleja de nosotros, de nuestras posibilidades, de VIVIR lo que SÍ tenemos, lo que YA es nuestro.

Willigis Jäger, Maestro Zen de la línea Nube Vacía, nos “propone” una nueva  mirada, una nueva manera de considerarnos “en esta humanidad”. Él, en su libro “La ola es el mar” (y en casi todos sus Teishó, enseñanzas que los  maestros dan a sus discípulos), habla de que no somos seres humanos que en función de sus actos o moralidad van a alcanzar el Paraíso con la mirada benevolente y salvadora de un Ser superior,  sino más bien lo contrario, “Somos seres divinos haciendo una experiencia humana”. Somos olas que surgen del mar, y durante un tiempo seremos olas, pero antes o después acabaremos, de nuevo, siendo Mar. Nunca dejamos de ser Mar, como  nunca hemos dejado el Paraíso, nunca salimos de él…. ¿entonces?

vida-humanaSi volvemos a la “historia del paraíso” (tomando el relato como metáfora) creo entender que el hecho de comer la manzana es el principio… de que? pues el principio de la “experiencia de ser un humano”, de vivir una vida concreta, con una historia concreta, con un cuerpo concreto…. vivir en la dualidad, en lo temporal, en lo limitado… y, además, sin saberlo.

La experiencia humana es la experiencia de lo dual: correcto-incorrecto, bien-mal, frío-calor…. incluso material-espiritual forman parte de una lista interminable de situaciones, acciones o pensamientos que parecen contradictorios, o como menos, excluyentes el uno del otro. Y ahí radica uno de los núcleos de nuestra dificultad para Vivir (con mayúscula) frente a vivir (con minúscula)… creemos que hay que elegir lo uno o lo otro, en vez de integrar lo uno y lo otro. No hay frío sin calor, ni bueno sin malo, etc.  No hay experiencia humana que no pase por lo material, así como tampoco la hay sin que proceda de lo “espiritual” y que, después de un tiempo, vuelva a ello, al principio.

El maestro zen Alexander Poraj, sucesor de Willigis Jäger, repite una frase: “El SENTIDO de la Vida no es Entenderla, sino (como la propia palabra dice) SENTIRLA”. ¿Cuántas veces queremos entender lo que nos está ocurriendo en vez de indagar en lo que estamos sintiendo? Vivimos una época en donde la mente, el pensar, el entender se ha convertido en nuestro centro, a veces al precio de desplazar o anular a nuestro “corazón”… de nuevo volvemos a elegir algo excluyendo.

luces-sombras-L-WfvghNEl Paraíso no es más, ni menos, que un “lugar” en donde los opuestos pueden convivir; en donde la calma surge porque nada es excluido, lo que significa que todo aquello que forma parte de mí, sea como se espera que sea o no,tiene su espacio, su sitio. Incluso diría que el Paraíso es mas bien una forma personal de mirarme a mí, integrándome, admitiéndome, sin juzgarme continuamente por no ser de otra manera.  Y, probablemente, esta misma postura produce cambios importantes en mi, en mis relaciones, en mi despliegue personal. Porque no se trata de no cambiar lo que sea necesario, sino de sentir lo que siento cuándo me atasco, o me limito o me pierdo… y descubrir que hay detrás de esas actitudes, que “parte de mi” no ha sido nunca vista, ni aceptada, ni cuidada….

El Paraíso es el encuentro conmigo, con mis heridas, con mis sombras, y por supuesto, con mis luces.

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