En el SILENCIO del Benediktushof

…..Sábado por la tarde, último día de una semana de sesshin ; sentadas, sentadas, sentadas…. kinhin, teishó, dokusán; todo lo que “se puede necesitar” para entrar dentro de mi, para alejarme del ruido exterior, de la prisa, del estrés, de los problemas
Aquí es difícil obviar lo que nos ocurre dentro, lo que a menudo acallamos con las prisas, las ocupaciones, con cualquier entretenimiento, con cualquier cosa .  Aquí, es difícil obviar la inquietud.

No me refiero a una cierta  inquietud  fruto de tener temas que resolver, más o menos difíciles o urgentes… sino “otra” inquietud, la del espíritu, la del alma. La de nuestra alma, que no se conforma con esta vida “más bien pobre” que llevamos; es una inquietud que es un movimiento del alma que, de muchas y diferentes maneras, una y otra vez, nos llama a la plenitud.
Es esa inquietud sutil, más o menos constante, que nos da cierto malestar, cierta sensación de sin sentido; poder sentirla y permitirnos sentirla es difícil;  nos incomodarnos cuando aparece, porque no es agradable, y pensamos que es mejor quitarla…. y eso es lo que solemos hacer, acallarla; y en este acallarla, nos atrincheramos en posturas a menudo rígidas e inconscientes que van condicionando nuestra cotidianidad, nuestra manera de vivir.

La inquietud no es el problema sino la solución… es una invitación a mirar que ocurre en mi, qué deseo, qué temo, donde me perdí de mi misma…

2015-08-07 11.59.36La inquietud aparece cuando la mente se aquieta… ya en el primer día tuve constancia de que estaba allí, “esperando el momento adecuado para mostrarse e invitarme a indagar en ella”….  así que cuando la sentí, evité el primer impulso de hacer como que no estaba  intentando justificarla (siempre puede haber uno o varios motivos para sentirla); me quedé ahí, en el cojín, sintiéndola, dejando que se mostrara, sin buscar una respuesta, sin dejarme arrastrar más allá de lo que es: inquietud.

Así estuve con “ella” todo el día. Al día siguiente “saqué mi tarjeta azul” (en un sesshin esto significa que quieres entrevista personal con el maestro);  varias sentadas después,  la asistente se acerca y me hace una breve inclinación (gasshó) indicándome que puedo pasar a la entrevista con el maestro. Mi maestro zen es Alexander Poraj, llevo ya seis años practicando el zen y acercándome a sus enseñanzas y/o indicaciones sobre este camino hacia el silencio, hacia la Presencia (además es mi terapeuta, con lo cual conoce mi proceso, mis “atascos”, mi vida).

El ritual es breve, pequeño gasshó de saludo… sonrisa leve de acogimiento… me siento en otro cojín frente al suyo y “me invita con una mirada” a compartir … “estoy inquieta” le digo; sólo estas dos palabras, nada más, no se necesita mucho más para expresar lo que siento…. una mirada “de complicidad?” , un silencio . Silencio sostenido por ambos, por su Presencia de Maestro, por mi Presencia de discípula que anda el camino que él ya anda desde hace más tiempo… Silencio.

zazenEntonces, despacio y suave, sin dejar de mirarnos me dice:: “HAZTE GRANDE”…. solo otras dos palabras que actúan de ¿antídoto de la inquietud?… siento la Fuerza que tienen, cómo si algo que yo sabía pero había olvidado se activara….  Hazte Grande… lo comprendo, comprendo que siendo Grande TODO cabe, TODO tiene su sitio, su lugar.

“HAZTE GRANDE”, repite, y con su mirada me transmite comprensión, respeto, benevolencia…. amor.

“HAZTE GRANDE y todo lo que te inquieta tendrá sitio para ser, tendrá su espacio”… así de…  ¿¿!! fácil! !??     Si, así de fácil e, incluso, así de rápido.

Ocurre sin darnos cuenta, vamos acumulando pequeñas (o grandes) vivencias difíciles, dolorosas o complejas…. empezamos a encogernos, a estrecharnos, nos comprimimos, nos tensamos, pero lo que menos se nos ocurre es hacernos Grandes…. entonces la inquietud aparece y nos avisa. Es cómo si estas en el coche y no te das cuenta de que estas pisando el acelerador, con el coche parado, con el freno de mano puesto…   estas aturdida por el ruido  y no sabes que tú mismo lo estas produciendo…. tan rápido como darte cuenta y levantar el pie, así de fácil, así de rápido.

2015-08-05 16.56.05Ya el domingo, una vez  terminado el sesshin, esa primera semana de silencio, paseando junto al río, en el Benediktushof siento cómo cada año este “entrenamiento de verano” (así es como lo llaman allí) me enseña y me acompaña a “admitir la inquietud como una señal de mi alma para hacerme más Grande”

La conciencia cada vez más despierta, más presente, que me hace comprender cómo la vida cotidiana, si no se vive desde la Presencia,  es la causa de este estrechamiento que, de manera inevitable, comprime nuestro corazón y lo hace pequeño,  llevándonos a no poder tomar lo que aparece, sino más bien  alejarlo o reprimirlo.

Mañana de descanso, de paseo, de charla con  otros practicantes del zen que un año tras otro nos encontramos allí….

Y por delante, otra semana de Silencio en la Cabaña del Ermitaño (así la llaman ellos) aunque a mi,  ahora, me gusta llamar la Cabaña del Alma.

Benediktushof es un lugar de Silencio, “custodiado” o quizás “alimentado y sostenido” por Willigis Jäger, por Alexander, por Doris Zöll…. maestros zen que acompañan a muchos en este caminar hacía lo que somos, aunque no lo sabemos, porque lo hemos olvidado.

Maestros si, pero antes que nada personas. Personas  que han hecho suyas estas palabras HAZTE GRANDE, y haciéndose Grandes nos acogen, con su Mirada, con su Silencio, con su Presencia…

Hazte Grande y “arriésgate” a soltar el acelerador y el freno, descubre que el coche tiene su propio impulso, su propio movimiento…. a veces suave, a veces rápido,  a veces incluso vertiginoso.

¿Podré arriesgarme a no controlar? ¿Podré dejar que la Vida me lleve? ¿Podré disfrutar de la travesía?

HAZTE GRANDE y podrás Vivir  a lo Grande.