EL PROCESO PERSONAL: UNA CRISIS VIVIDA DESDE LA CONSCIENCIA II.

Cada época tiene sus propias características, y por supuesto sus ventajas e inconvenientes.

Hoy tenemos tal oferta de métodos, de terapias, de conceptos que resulta abrumador. Cada cierto tiempo aparece algo nuevo, mejor, “lo mejor”, parece que se pone de moda y todo el mundo aprende un nuevo vocabulario, un nuevo concepto, una nueva “esperanza” de que YA vamos a encontrar lo que nos va a sanar, a quitarnos “eso” que no nos gusta, que nos va a hacer felices.
Seguimos esperando algo de fuera, o a alguien “mejor” que nos va a dar lo que tanto deseamos, o a quitar lo que no queremos.
Hemos aprendido a esperar a que otro nos salve; nos hemos distanciado de nosotros, de nuestro “centro”, de nuestros recursos. Andamos perdidos de aquí para allá, creyendo que seguimos la voz de nuestro Anhelo, cuando lo que realmente seguimos es la voz de nuestros Deseos no satisfechos.
Creemos que nos conocemos, hasta que poco a poco empezamos a “descubrir” cuánto de nosotros esta oculto, reprimido, distanciado, no reconocido… Conocemos ciertos aspectos nuestros, algunos son luminosos, otros no tanto, pero estamos ciegos a otras muchas facetas de nuestra personalidad, nuestro carácter, nuestra forma de gestionar la vida.
Cuando hablamos de proceso personal hablamos, en primer lugar, de auto-conocimiento: un acercamiento a lo que llamamos EGO (eneatipo); SÚPER-EGO (conciencia o juez, según la dinámica); AUTO-IMAGEN; SOMBRA; ALMA. Por supuesto hay muchas definiciones, en función del contexto, el origen de la terapia, del terapeuta… yo las “definiré” desde mi propia experiencia personal y profesional.
También hablamos de métodos, terapias, prácticas… que ya han sido “elaboradas y comprobadas”, que aportan una dinámica, una trayectoria, que nos ayuda a entender y entendernos.; algunas como Eneagrama, Constelaciones Familiares, Integración de la Sombra, Terapia Cráneo-sacral Biodinámica, meditación Zen….
La máscara-Dado que hay tanta variedad, creo que viene bien aclarar, desde mi perspectiva, cada concepto, puesto que hay tantas definiciones como tendencias.

El ego podemos definirlo como el conjunto de cualidades (positivas y negativas, conocidas o no), de estrategias, de  dinámicas, que una persona desarrolla como “la forma” o “el patrón” (llamado eneatipo en el eneagrama) en el que vive; cómo nos organizamos en nuestra vida, en nuestra cotidianidad, cómo la gestionamos. Es eso que solemos llamar “personalidad”. El ego se nutre a sí mismo y se perpetúa, de tal forma que “se cree, nos creemos” que somos eso, nuestro ego.
Nuestro ego está formado por varias “voces” que aparecen según la situación que vivimos, indicando qué hacer o qué no hacer, ofreciendo posibilidades, entreteniéndonos y perpetuándose a sí mismo en esta dinámica “eterna”.
El super ego es una de las voces del ego; algo así como su conciencia, como pepito grillo. Tiene la función de avisarnos, protegernos, mantenernos en lo “correcto” pero, aunque a veces es así, otras veces no, porque su función es “proteger” al ego, lo que significa que todo lo que lo pueda poner en peligro o amenazarlo, lo va a boicotear. Esto supone que no está “a favor” del cambio, sino de perpetuar lo conocido, aunque no sea demasiado válido. Es esa voz que continuamente nos juzga, nos dice lo mal que lo hacemos, cuánto nos hemos equivocado, etc…
La auto-imagen es la cualidad o cualidades que cada uno consideramos que tenemos como núcleo de nuestra personalidad; es esa o esas facetas, con las que yo estoy más identificado, hasta el punto de creer que “eso” es lo que yo soy (fuerte, autónomo, alegre, depresivo….). Es algo así como un escudo tras el que nos sentimos seguros.

La-flor-y-el-cuchillo.2012-Foto-secuencia-del-cortometraje-.Intercambio-de-luz.Pero, inevitablemente, al crear la auto-imagen creamos paralelamente otra figura, la sombra, o el conjunto de cualidades personales que, de manera inconsciente e inevitable, reprimimos, negamos o proyectamos.
Autoimagen y sombra se complementan, nos guste o no. Y son imágenes parciales de nosotros, que aceptamos o no, en función de nuestro entorno, sociedad, religión o familia.
Creamos un ego, con auto-imagen y sombra, como la MEJOR manera de proteger nuestra Alma, de un mundo exterior que no es de Amor incondicional. Alma como reflejo o representación de lo divino que hay en cada Ser, eterna, inmutable.
Comenzamos la experiencia humana y “caemos” en un mundo dual, dejamos de experimentar el Amor (con mayúscula, incondicional) y empezamos a experimentar el amor (con minúscula, condicional). Experimentamos  lo temporal, lo limitado, y esto, de alguna forma, “hiere” al nuevo ser. Empezamos a desarrollar estrategias para protegernos, discriminando entre lo que es admitido y lo que no, de tal forma que sólo nos permitimos mostrar lo que agrada al entorno, lo que produce que los otros nos miren con buenos ojos. Poco a poco va creando su ego, y de igual forma, reprime lo que no es admitido,  así va naciendo su sombra.
La herida básica es “la cara” de la experiencia de la separación, del no, de la carencia; es la experiencia del amor humano, condicionado por las propias heridas, limitado por las situaciones personales, no expresado por miedos conscientes e inconscientes. Experimentamos la limitación, el miedo, el rechazo… de una manera inconsciente, primaria. El mejor recurso es protegernos, cerrarnos, retirarnos.