El niño busca a mamá. El Alma busca La Madre… ¿Qué buscas tu?

Un camino entre la necesidad de la mirada de mamá y la conexión con La Madre.

¿Con qué identificamos las palabras-concepto mamá  y La Madre?

En general las utilizamos indistintamente; ahora me quiero referir a ellas como dos realidades diferentes que se relacionan con dos aspectos personales con distinto punto de partida, perspectiva y/o consciencia. Ambas están en todos nosotros y en ambas transitamos a lo largo de nuestra vida y cotidianidad… sin embargo, descubrir qué representa cada uno de ellas puede marcar una diferencia en nuestra manera de entendernos y/o estabilizarnos; además de ser dos enfoques para el trabajo personal.

Cuando hablo de La Madre, me refiero a la Vida, la Esencia, lo que nos da forma, nos nutre y nos sustenta… respirándose y viviéndose a través de nosotros.

Mi percepción de la realidad (lógicamente subjetiva e incompleta) al día de hoy se asienta en la práctica del zen, que me ha aportado, poco a poco, descubrir-me como parte de ese Todo y no como un algo aparte.

¿Que significa esto?

La sensación-experiencia de que Lo Somos a diferencia de que tenemos que conseguirlo; una y otra vez caemos en la trampa  de nuestro ego limitante, que se alza como estandarte con la  intención y la meta de que seamos mejores, que mostremos sólo lo que cree que es admisible; o que se activa como nuestro protector, impidiéndonos el acceso a otros espacios personales tan necesarios como imprescindibles en nuestro despliegue personal.

No me atrevería a decir que es una experiencia excluyente de volver a pillarme en las dinámicas típicas de mi ego o eneatipo para conseguir una validación externa, ¡ojalá!. Sin embargo, cada vez antes percibo ese movimiento egoíco que, intentando darme algo que parece que no tengo, me condena a permanecer en la carencia ilusoria de que no lo soy.

La Madre es el origen de ‘ser persona’ (de todo y de todos); es la manifestación de la Esencia, que se concretiza para vivir-se a través de cada uno de ellos; si esto es así, no hay nada que no sea perfecto, pleno, total.

Entonces ¿por qué no nos sentimos así?

Nuestra realidad es dual; en nuestro interior conviven (inconsciente e inevitablemente) el juicio comparativo y discriminatorio (que nos lleva a vivir las realidades como polaridades y no como totalidad) y la certeza de Ser algo más; podríamos decir el ego y el Alma.

Vivimos divididos: la parte consciente, en la que la conexión con el Ser se mantiene, y la inconsciente-automática, que se ha formado y se auto-afirma desde la separación y que se muestra como distancia, lejanía y, sobretodo, Carencia.

No es ni culpa ni responsabilidad de nadie (tengamos en cuenta que tanto la culpa como la responsabilidad son dos características típicas del ego, cuya misión es mantenernos en la estructura… como lugar seguro), sino una de las características de nuestra ¿especie?… resulta curioso que es esta vivencia tanto el origen como la causa de lo que llamamos Herida básica: la sensación de que nos falta algo  y que por eso no podemos sentirnos plenos.

Y aquí el salto de La Madre a mamá.

Mamá es la persona a través de la que venimos a esta vida; forma parte de nosotros al 50% (más el 50% de papá) y nosotros hemos formado parte de ella durante más o menos nueve meses; la conexión es casi total, y digo casi porque cada nuevo ser trae su propio equipaje (entendido como característica, cualidades, potenciales… propios).

En un principio parece que es la causa-responsable de muchas de nuestras experiencias primarias… y es así, pero SÓLO en una parte, no en su totalidad; la asociamos con la formación de la herida básica y  de la carencia… de ahí la frase típica de ‘necesito la mirada de mamá’, que es cierta, aunque no se corresponde del todo con nuestra necesidad.

Y ahora, un poco más lento, hagamos una nueva mirada interesante (para mí ha sido fruto de un largo proceso personal y de acompañamiento): sea como sea la vivencia de nuestra gestación y nuestra infancia, sea como sea la atención proporcionada por mamá, el niño SIENTE CARENCIA;  ¿será que hay algún ingrediente más en esta herida que la relación madre-hijo (madre con minúscula para diferenciarla de La Madre)?.

Cuidado con ir deprisa: cada sistema tiene sus dificultades propias, igual que sus beneficios;  la intención de esta mirada diferenciadora entre mamá y la Madre no pretende (por así decirlo) quitar importancia al enfoque sistémico, ni a las heridas que de ahí provienen; sino diferenciarlo de la Causa principal, la desconexión del Ser… una vez esto ha ocurrido, la herida aparece… ahí, la relación con mamá ya está condicionada y/o matizada.

No se bien si es un intento de descargar un poco la responsabilidad de nuestros padres y sus sistemas (que por supuesto aportan lo suyo, tanto en positivo como en negativo), desde la comprensión que es la desconexión de la Madre, la que nos genera la herida; y, una vez estamos tocados, las vivencias están ya distorsionadas; o más bien un ampliar la mirada a que YA estamos heridos al relacionarnos con mamá.

La relación con mamá es fundamental, es uno de los temas casi de por vida en el trabajo personal, pero no lo es todo; pretendo mostrar una fisura en esa idea, pues si sólo trabajo la carencia o necesidad de la mirada de mamá, por mucho que lo consiga no conseguiré sentir la Plenitud, pues todavía me quedará recuperar la experiencia de que  lo soy.

Así, tenemos dos enfoques o caminos que transitar para que el anhelo se calme; cada uno con sus propias características, los dos necesarios para nuestra estabilidad.

La Madre se muestra en todos los aspectos de nuestra vida, la percibimos en pequeños detalles de Amor, de agradecimiento, de plenitud (no quiero poner de felicidad porque creo que es un concepto subjetivo). La experimentamos en momentos bellos, en situaciones en las que algo en nosotros nos para, nos silencia y entonces la notamos…¿entendible?

Porque estoy segura que todos tenemos muchísimas experiencias, sino de una conexión con ella si de su existencia en nuestro interior.

Por otra parte, mamá es también un camino que andar:

¿Quién (que parte de mi) necesita la mirada de mamá? ¿Es realmente esa mirada la que necesito?¿Puedo diferenciar si es mi yo-niño o mi yo-adulto el que la busca?

Cuando la mirada parte del niño, es signo de que estoy en momento regresivo… busco la mirada de mamá y evito hacerme cargo de mi necesidad, lo cual me perpetúa en la carencia. Si, por el contrario, busco la mirada de La Madre, puede ser que ya puedo sostener mi niño y percibir que el camino es otro.

Así, diferenciar a La Madre de mamá para mí significa distinguir en mí, mi propia historia biológica-sistémica con todas sus características, dificultades, etc, de la desconexión con el Ser.