Detrás del Ego se encuentra el Alma.

A veces, mientras paseo, observo a las personas con las que me cruzo, las miro despacio y en ese “mirarlas” me descubro “buscando” algo más que eso que se ve; me pregunto que estarán pensando o viviendo; en cómo lo gestionan, en cómo se sienten.

En mi propio proceso personal y en el acompañamiento de otras personas siempre encuentro una “demanda” sutil pero continua, imperceptible pero constante, de “algo más”; una necesidad de descubrir qué pasa en mi, que aún cuando quiero cambiar no puedo, o cuando quiero dejar determinadas conductas, o amistades, o relaciones no puedo; qué es eso que de manera inconsciente (en la mayoría de los casos) controla y dirige mi vida…

Últimamente ya no es “tan raro” todo esto del trabajo personal;  aparecen nuevos conceptos, nuevas ideas, nuevas formas de pensar,  que en realidad no son tan nuevos, pero si que es nueva la fuerza que tienen, el eco que hacen. Palabras como ego, super-ego, proceso personal, auto-conocimiento… se han convertido en un tema, en un método, en un saber a veces prioritario para determinadas personas, para determinados momentos de esas personas. Vivimos una  época en la que la evolución de la humanidad de alguna manera se centra en el desarrollo de la Conciencia o , mejor, en la Toma de Conciencia.

Por supuesto siempre ha habido “almas inquietas”, personas que en el momento concreto en el que vivían no se “conformaban” con lo establecido, con lo aparente… personas que han sido punta de lanza, abriendo, expandiendo o simplemente proponiendo otras posibilidades, otras alternativas. Y ahora, parece que ya no son unas pocas personas aisladas, sino que gran parte de nosotros sentimos esa inquietud?… anhelo?…curiosidad?… algo nos mueve, desde dentro, a salir hacia fuera… dicho de otra forma, hay un impulso que nos pone en marcha, pero hacia dónde, hacia qué?

Este impulso, este ANHELO, es un movimiento interior, a veces en forma de inquietud, poco concreto, bastante difuso otras veces, pero constante; como una música de fondo que cuando el ruido baja, se nota, se percibe, se escucha. Puede venir acompañada de cierta sensación de “aburrimiento”, sinsentido de la vida, necesidad de más… insatisfacción.

Para mi, el anhelo es la manifestación continua, más o menos consciente según tipos de personas o momentos de la persona, de la des-conexión de cada uno con su Esencia, con su Alma. El anhelo sería, dicho de otra manera, la voz de la Presencia, de la Esencia,  que nos llama a través de la ausencia, al “reencuentro”.

Somos más de lo que mostramos, más de lo creemos. Nos hemos ido limitando, auto-limitando, alejándonos de nuestro interior, de nuestra Esencia y nos hemos quedado “viviendo en la superficie”, hasta que hemos olvidado que hay otras muchos cualidades y posibilidades que vivir, que desplegar, que permitir.

Nacemos en conexión con la Esencia y poco a poco vamos creando, de manera inevitable e inconsciente , una Personalidad visible y otra oculta (Carl Jung, “La sombra”) .  Nuestra personalidad se va formando como finas capas protectoras de nuestra alma; es no sólo válido, sino imprescindible para vivir en interrelación con el entorno, con los demás… pero a lo largo del tiempo, creamos tantas capas, las endurecemos, las hacemos rígidas… se convierten en una armadura, en una estructura imposible de traspasar, en un escudo…  y perdemos el acceso a “aquello por lo que la creamos”, perdemos el acceso a nuestra Esencia.

Nos identificamos con nuestra personalidad, nuestro Ego, nuestro Eneatipo (nombre del ego en el argot del Eneagrama) hasta tal punto que no podemos ni pensar que no somos eso. Y nuestra vida se va empobreciendo, limitando…  Esas capas suaves y elásticas que en su momento nos protegían (en esa vulnerabilidad de nuevos seres, de bebés, de niños) han perdido su capacidad de permeabilidad y nos ahogan.

El anhelo no se cansa nunca; a veces en forma de crisis personal, a veces en forma de algún tipo de complicación en la vida, el trabajo, la familia, la salud…. pero ¿Porqué no aprender a escucharlo?¿que tal si salgo yo al encuentro de mi, en vez de esperar a que mi necesidad se imponga de manera brusca?

Y es en este lugar en el que la meditación, para mi el ZEN (pues es mi práctica) es la posibilidad de que todo esto cambie… de dejar de huir hacia adelante, hacia el hacer, hacia el no percibir.

Porque la práctica del zen es, en sí misma, una nueva manera de vivir.

La meditación es a menudo árida, seca o incluso absurda; es largo el tiempo para que forme parte de la cotidianidad. No parece que ocurra nada, no parece que ayude, más bien es ‘un poco perder el tiempo’. Sin embargo, actúa como un riego gota a gota en un campo de secano: sin prisa, sin pausa, va nutriendo desde dentro hasta que un día brota una pequeña planta; pequeña pero enraizada lo que le hace ser potente.

Y esa pequeña plantita se va convirtiendo en algo grande, sólido (que no duro ni rígido) hasta convertirse en un árbol frondoso y estable que me aporta un espacio seguro… y este árbol se llama PRESENCIA (Conciencia), cualidad del Alma o del Ser.

Todo un cambio de vida.