… CINCO AÑOS DE ZEN

En Noviembre del 2009, por una serie de circunstancias personales, un tanto complicadas y “siguiendo” la invitación del que es ahora mi Maestro zen, Alexander Poraj, emprendí un viaje hacía Fuente Heridos (Huelva) para hacer mi primer sesshín. 145524__walking-alone_pNo sabía yo que ese no era tanto un viaje físico sino, más bien, un viaje personal, un viaje hacia mi;  un viaje que se ha convertido en “el viaje”, en el camino por recorrer; el camino que se recorre paso a paso, respiración a respiración; que no se pone metas ni objetivos, porque no hay mas meta que poder “degustar” cada paso, cada momento, cada instante… camino a veces en solitario, por sendas diferentes, por lugares nuevos. Por una parte pienso que han pasado “sólo” cinco años, pero a la vez siento que han pasado “ya” cinco años.   Poco a poco la practica del zen se ha ido “instalando” en mí, en mi día a día, en mi forma de hacer las cosas, en mi forma de ser, de relacionarme… Cinco años de práctica cotidiana, de zazenkais, de sesshin… algunas veces las sentadas son agradables, suaves; otras, son duras, ásperas, profundas… caminos_7Aquél fue un fin de semana “curioso” e interesante,y marcó un cambio importante en mí. Aquel era mi primer “encuentro con la práctica del silencio” (con lo que eso puede implicar y, sobretodo, con lo que ha significado en estos años), y “por casualidad”, en el centro, había otro grupo (del que formé parte durante muchos años). Mientras esperaba en el pasillo para mi primer “Dokusan” (entrevista con el maestro), oía los cantos, ésos que habían formado parte de mí, que me habían acompañado durante mucho tiempo… y que ya habían quedado atrás, como tantas otras cosas. En mi mente se “amontonaban” y “mezclaban” cantidad de sensaciones, dudas, posibilidades…. Era el principio (en realidad nunca nada es el principio, puesto que todo se apoya en lo anterior…) de una forma un tanto diferente de vivir o de experimentar… De mí brotó una pregunta, como si fuera la más importante: Alexander, tenemos un Destino? Ya la pregunta hablaba de cuál era mi “necesidad” de saber algo más, de tener cierta seguridad o, por lo menos, de poder “relajarme” un poco ante todo lo nuevo que estaba descubriendo y viviendo; él contestó, tal cual: “No tengo ni idea….” hizo un silencio, y sin prisa, añadió: “Tampoco creo que eso sea tan importante….. creo que lo realmente importante no es saber lo que va a venir, ni suponer lo que va a pasar, sino VIVIR plenamente cada momento, cada instante, tal y como ES. Sin huir de él, sin cerrarnos. Vivir lo que hay, porque eso es lo único que hay”. enso_zen Hoy, cinco años después, me doy cuenta de que en estas dos frases “me transmitió” la esencia del zen: Solo existe ESTE momento, ESTA respiración. Vivir plenamente es vivir lo que hay, lo que ES. Y desde ahí, “uno está bien con o sin…”, sin más. Pero…¿Cómo dejar de crear expectativas?¿Cómo dejar de cerrarnos ante lo desagradable?¿Cómo “flotar” en medio de un mar con oleaje”? El zen hace “algo” con el que lo practica, un algo que a menudo no es tangible, ni se aprecia exteriormente, pero que, a fuerza de sentadas, poco a poco “entra” en la persona y produciendo cambios en ella, en su forma de estar, en su forma de vivir.File_20088116943 Como dice Willigis Jäger “Hacer zen es como surfear en el océano de la Vida”. No podemos quitar las olas, pero podemos aprender a disfrutarlas… Hoy no tengo preguntas existencialistas… cada vez surgen menos preguntas, cada vez “necesito” menos respuestas. No sé mucho realmente sobre el zen; menos todavía sobre el “sentido” de la vida, sobre lo que ocurrirá después, sobre lo desconocido… lo que sé es que cada vez me “entretengo” menos en planteármelo, realmente no brotan las preguntas, no; quizás ahora no es tiempo de eso. soloCada vez más, sé que es “el cojín”, la práctica del zen, la que acalla mis preguntas, conduciéndome una y otra vez al instante, a lo que hay, a lo que es. En el zazen, las preguntas no surgen, no son necesarias; en el zazen la mente se aquieta. Hay muchas cosas que quedan atrás en este caminar, amistades (que sí que lo fueron en otros tiempos, en otras ideologías), hábitos de vida, creencias, rutinas…. mucho; pero también hay muchas otras cosas que aparecen, enriqueciendo, ofreciendo nuevas formas de estar, de ser. Y también hay cosas, personas, situaciones, que perduran, que permanecen. Sea como sea, me siento afortunada y agradecida, al zen y a mi maestro, Alexander, que me ha acompañado en este tiempo, marcándome el camino pero nunca yendo por delante. A veces muy cercano, otras lejano; a veces pareciendo ausente, aunque siempre presente; a veces “inentendible”, pero siempre certero. “El camino del zen (dice el Shin Ji Mei) no es fácil ni difícil, sólo hay que dejar de atrapar o rechazar” Sólo hay que vivir lo que hay, lo que es. SÓLO!! zazen_by_aik_art-d3i4agr